(demasiado antiguo para responder)
Los hermanos de José lo vendieron como esclavo
Valzar
2008-03-28 23:02:55 UTC
El relato de José y sus hermanos plantea uno de los relatos más
conmovedores y dramáticos de todos los relatos de la Biblia. Al igual
que muchas sagas antiguas, reúne numerosas obras independientes sobre
distintos personajes y los teje en una única narración, mezclando una
variedad de identidades en personajes independientes. Aunque se
presenta principalmente como la obra de un único autor, el relato
contiene algunos indicios de las disputas políticas entre Rubén y Judá
que tuvieron lugar posteriormente, donde uno y otro compiten para ser
el menos culpable de la maldad hacia su hermano José.
Al igual que en los ciclos anteriores sobre los hijos de Abraham y
luego los hijos de Isaac, el relato continúa con el tema de las
contiendas tribales y la envidia entre los hermanos. En este relato,
José, el hijo preferido de Jacob, tiene numerosos sueños que predicen
que él se convertirá en el cabeza de familia y que incluso sus padres
se inclinarán ante él.
En las primeras etapas, José se presenta como un joven algo pomposo y
odioso, con una actitud del tipo «yo soy José y tú no». En un relato,
insiste en contarles a sus hermanos este sueño: «Estábamos nosotros en
el campo atando haces, y vi que se levantaba mi haz y se tenía en pie,
y los vuestros lo rodeaban y se inclinaban ante el mío,
adorándolo» (Gn 37, 7).
Pero un solo sueño no bastaba. Él tenía que machacarles con más
visiones del futuro: «Mirad, he tenido otro sueño, y he visto que el
Sol, la Luna y once estrellas me adoraban» (Gn 37,9).
No es de extrañar que sus hermanos «le odiaran todavía más» (Gn 37,8).
Poco después de que José les contase a sus hermanos sus sueños, los
otros once hijos de Jacob conspiran para deshacerse de su engreído
hermano. En principio planean matarle y tirar su cuerpo a un pozo.
Pero Rubén no quiere mancharse las manos de sangre y sugiere que sólo
lo arrojen al pozo, supuestamente hasta que se muera de hambre. Sin
duda, algún escriba bíblico consideró esta acción de Rubén como más
humana, o menos culpable.
Tras arrojarle al pozo, Judá, para no ser menos que Rubén en su
repentino arranque de compasión, dice: « Vamos a vendérselo a esos
ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y
carne nuestra». Asintieron sus hermanos (Gn 37, 27).
Así pues, José se convierte en esclavo y es llevado a Egipto, donde
gracias a sus dotes para la interpretación de los sueños consigue
llegar hasta la cima de la jerarquía social del faraón.
Esta parte del relato de José comparte unas similitudes sorprendentes
con un relato egipcio que se conserva en los escritos de Heródoto en
su historia de Egipto. Según este historiador griego:
"Tras el reinado de Setos (es decir, Set), el sacerdote de Hefesto (es
decir, Ptah), los egipcios estuvieron libres durante un tiempo del
gobierno monárquico. Sin embargo, al ser incapaces de estar sin rey
durante mucho tiempo, dividieron Egipto en doce regiones y nombraron a
un rey para cada una de ellas. Unidos por matrimonios, los doce reyes
reinaron bajo amistad mutua con el entendimiento de que ninguno de
ellos debía intentar expulsar a ninguno de los otros, o querer
aumentar su poder a expensas de los demás. Llegaron a un acuerdo y
velaron para que los acuerdos se mantuvieran rigurosamente, porque en
la época en que se establecieron los doce reinos, un oráculo declaró
que el que ofreciera una libación del cáliz de bronce del templo de
Hefesto (Ptah) se convertiría en amo de todo Egipto.
Heródoto continua relatando otros acontecimientos de la historia de
Egipto, pero después retoma la narración anterior:
Pasaba el tiempo y los doce reyes, que habían mantenido su pacto de no
molestarse los unos a los otros, se reunieron para ofrecer un
sacrificio en el templo de Hefesto. Era el último día del festival, y
cuando llegó el momento de verter la libación, el sumo sacerdote, al
ir a buscar los cálices de oro que siempre se usaban para ese
propósito, se equivocó y trajo uno de menos, de modo que Sometico, al
encontrase sin cáliz, muy inocentemente y sin segundas intenciones, se
quitó el casco, lo extendió para recibir el vino y así realizó su
libación. Los otros reyes enseguida asociaron este acto con el
oráculo, que había declarado que el que vertiera su libación de un
cáliz de bronce se convertiría en el único monarca de Egipto. Lo
interrogaron, y cuando se sintieron convencidos de que había actuado
sin malicia, decidieron no matarle, pero lo despojaron de gran parte
de su poder y lo desterraron a las marismas, prohibiéndole que las
abandonara ni que tuviera ninguna comunicación con el resto de
Egipto."
Tras ofrecer algunos detalles acerca del pasado de Samético y sobre un
segundo oráculo que predecía que unos hombres de bronce llegarían del
mar para ayudar al rey, Heródoto cuenta que el monarca exiliado se
encontró con un grupo de invasores marinos armados que se habían visto
obligados a amarrar en tierras egipcias. Viendo esto como el
cumplimiento de la profecía, dice Heródoto que Samético trabó amistad
con los invasores y los «persuadió para que estuvieran a su servicio,
y mediante su ayuda y la ayuda de sus fieles en Egipto, consiguió
derrotar y echar a sus once enemigos».
Deben observarse los numerosos paralelismos entre el relato bíblico y
el egipcio. En ambos, un grupo de doce hombres relacionados por
matrimonios entre familias, viven en un estado que no está presidido
por ningún rey; una profecía predice que uno de los doce reinará sobre
los demás; cuando los once descubren quien será el nuevo líder, al
principio planean asesinarle, pero luego cambian de idea y lo
destierran de su territorio; tras ser desterrado, el héroe entra en
Egipto acompañado de forasteros; el héroe consigue una posición de
poder en Egipto; y cumpliendo la profecía original, el héroe reina
sobre los once rivales.
Existe otro paralelismo. En el relato egipcio, un cáliz que pertenece
al odiado rey es protagonista. De igual manera, un cáliz perteneciente
a José desempeña un papel fundamental en el relato bíblico. Tras
convertirse en primer ministro de Egipto y viendo que sus hermanos
aparecen ante él para comprar trigo, José los pone a prueba
escondiendo su cáliz de plata en la bolsa de Benjamín. Mientras que el
cáliz simboliza el poder de José, el que portaba el cáliz, Benjamín,
se convirtió en el.antecesor del primer rey de Israel, finalizando así
el periodo de no-monar-quía en Israel.
El Samético (o Psamético) de Heródoto podría estar basado en una
figura histórica del mismo nombre que gobernó en Egipto en el siglo
vil a.C. El rey de Israel en esa época era Josías, el gran reformista
religioso bajo el cual pudo haberse escrito el Deuteronomio, y cuya
administración tuvo un interés activo en reescribir la historia
antigua de Israel. Al igual que José, Josías era un niño cuando fue
colocado en una posición de lide-razgo, ocupando el trono a la edad de
ocho años.
El sucesor de Samético, Necao II, mató a Josías en una batalla y
conquistó Jerusalén y gran parte de Canaán. Instaló a un vasallo
egipcio, Joaquim, como rey de Judá. Los escribas hebreos de esa época
habrían estado familiarizados con los relatos sobre Samético.
Aunque los paralelismos entre los relatos de la Biblia y Egipto tienen
una trama similar, sigue existiendo un interrogante acerca de si el
relato de Heródoto de los doce reyes era historia o ficción, y si
originariamente se refería a Samético o a algún rey anterior.
El relato de Heródoto comienza diciendo que, antes de Samético, Egipto
protagonizó una época sin reyes y que antes de esto reinaba un rey
llamado Setos. Esto no coincide con la historia de Egipto del siglo
vil a.C. Ni hubo un periodo sin reyes ni existió un rey Setos en ese
espacio de tiempo (en el siglo vil a.C., Setos, o sea Set, tenía
fuertes connotaciones negativas como símbolo malévolo).
El último rey Setos que se conoce es Setos II, y antes de él Setos I,
ambos de la XIX dinastía en el siglo XIII a.C. Tampoco hubo ningún
periodo sin reyes anterior a los dos reinos.
A lo largo de la historia de Egipto de Heródoto, éste a menudo
distorsiona y registra de manera errónea la cronología dinástica,
colocando dinastías anteriores detrás de las posteriores. De hecho,
Heródoto sitúa a los antecesores de Samético de la XII dinastía
inmediatamente después de los reyes de la IV dinastía, cometiendo así
un error de casi dos mil años.
Esto sugiere que el rey Setos de Heródoto y un periodo sin reyes
pertenecen más bien al periodo de los hicsos, cuando los extranjeros
adoradores de Set desplazaron a los dirigentes tebanos legítimos. Los
egipcios consideraban que el periodo hicso careció de rey egipcio
legítimo.
Tanto si el relato egipcio de los doce reyes tuvo su origen en el
siglo XVI a.C del periodo hicso como en el siglo VII del periodo
samético, hubo muchas oportunidades para que el relato influenciara a
los escritores de la Biblia, quienes acabaron de redactar el texto
bíblico.
(Gary Greenberg, "101 mitos de la biblia", mito 70
libera
2008-03-28 23:18:52 UTC
Post by Valzar
El relato de José y sus hermanos plantea uno de los relatos más
conmovedores y dramáticos de todos los relatos de la Biblia. Al igual
que muchas sagas antiguas, reúne numerosas obras independientes sobre
distintos personajes y los teje en una única narración, mezclando una
variedad de identidades en personajes independientes. Aunque se
presenta principalmente como la obra de un único autor, el relato
contiene algunos indicios de las disputas políticas entre Rubén y Judá
que tuvieron lugar posteriormente, donde uno y otro compiten para ser
el menos culpable de la maldad hacia su hermano José.
Al igual que en los ciclos anteriores sobre los hijos de Abraham y
luego los hijos de Isaac, el relato continúa con el tema de las
contiendas tribales y la envidia entre los hermanos. En este relato,
José, el hijo preferido de Jacob, tiene numerosos sueños que predicen
que él se convertirá en el cabeza de familia y que incluso sus padres
se inclinarán ante él.
En las primeras etapas, José se presenta como un joven algo pomposo y
odioso, con una actitud del tipo «yo soy José y tú no». En un relato,
insiste en contarles a sus hermanos este sueño: «Estábamos nosotros en
el campo atando haces, y vi que se levantaba mi haz y se tenía en pie,
y los vuestros lo rodeaban y se inclinaban ante el mío,
adorándolo» (Gn 37, 7).
Pero un solo sueño no bastaba. Él tenía que machacarles con más
visiones del futuro: «Mirad, he tenido otro sueño, y he visto que el
Sol, la Luna y once estrellas me adoraban» (Gn 37,9).
No es de extrañar que sus hermanos «le odiaran todavía más» (Gn 37,8).
Poco después de que José les contase a sus hermanos sus sueños, los
otros once hijos de Jacob conspiran para deshacerse de su engreído
hermano. En principio planean matarle y tirar su cuerpo a un pozo.
Pero Rubén no quiere mancharse las manos de sangre y sugiere que sólo
lo arrojen al pozo, supuestamente hasta que se muera de hambre. Sin
duda, algún escriba bíblico consideró esta acción de Rubén como más
humana, o menos culpable.
Tras arrojarle al pozo, Judá, para no ser menos que Rubén en su
repentino arranque de compasión, dice: « Vamos a vendérselo a esos
ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y
carne nuestra». Asintieron sus hermanos (Gn 37, 27).
Así pues, José se convierte en esclavo y es llevado a Egipto, donde
gracias a sus dotes para la interpretación de los sueños consigue
llegar hasta la cima de la jerarquía social del faraón.
Esta parte del relato de José comparte unas similitudes sorprendentes
con un relato egipcio que se conserva en los escritos de Heródoto en
"Tras el reinado de Setos (es decir, Set), el sacerdote de Hefesto (es
decir, Ptah), los egipcios estuvieron libres durante un tiempo del
gobierno monárquico. Sin embargo, al ser incapaces de estar sin rey
durante mucho tiempo, dividieron Egipto en doce regiones y nombraron a
un rey para cada una de ellas. Unidos por matrimonios, los doce reyes
reinaron bajo amistad mutua con el entendimiento de que ninguno de
ellos debía intentar expulsar a ninguno de los otros, o querer
aumentar su poder a expensas de los demás. Llegaron a un acuerdo y
velaron para que los acuerdos se mantuvieran rigurosamente, porque en
la época en que se establecieron los doce reinos, un oráculo declaró
que el que ofreciera una libación del cáliz de bronce del templo de
Hefesto (Ptah) se convertiría en amo de todo Egipto.
Heródoto continua relatando otros acontecimientos de la historia de
Pasaba el tiempo y los doce reyes, que habían mantenido su pacto de no
molestarse los unos a los otros, se reunieron para ofrecer un
sacrificio en el templo de Hefesto. Era el último día del festival, y
cuando llegó el momento de verter la libación, el sumo sacerdote, al
ir a buscar los cálices de oro que siempre se usaban para ese
propósito, se equivocó y trajo uno de menos, de modo que Sometico, al
encontrase sin cáliz, muy inocentemente y sin segundas intenciones, se
quitó el casco, lo extendió para recibir el vino y así realizó su
libación. Los otros reyes enseguida asociaron este acto con el
oráculo, que había declarado que el que vertiera su libación de un
cáliz de bronce se convertiría en el único monarca de Egipto. Lo
interrogaron, y cuando se sintieron convencidos de que había actuado
sin malicia, decidieron no matarle, pero lo despojaron de gran parte
de su poder y lo desterraron a las marismas, prohibiéndole que las
abandonara ni que tuviera ninguna comunicación con el resto de
Egipto."
Tras ofrecer algunos detalles acerca del pasado de Samético y sobre un
segundo oráculo que predecía que unos hombres de bronce llegarían del
mar para ayudar al rey, Heródoto cuenta que el monarca exiliado se
encontró con un grupo de invasores marinos armados que se habían visto
obligados a amarrar en tierras egipcias. Viendo esto como el
cumplimiento de la profecía, dice Heródoto que Samético trabó amistad
con los invasores y los «persuadió para que estuvieran a su servicio,
y mediante su ayuda y la ayuda de sus fieles en Egipto, consiguió
derrotar y echar a sus once enemigos».
Deben observarse los numerosos paralelismos entre el relato bíblico y
el egipcio. En ambos, un grupo de doce hombres relacionados por
matrimonios entre familias, viven en un estado que no está presidido
por ningún rey; una profecía predice que uno de los doce reinará sobre
los demás; cuando los once descubren quien será el nuevo líder, al
principio planean asesinarle, pero luego cambian de idea y lo
destierran de su territorio; tras ser desterrado, el héroe entra en
Egipto acompañado de forasteros; el héroe consigue una posición de
poder en Egipto; y cumpliendo la profecía original, el héroe reina
sobre los once rivales.
Existe otro paralelismo. En el relato egipcio, un cáliz que pertenece
al odiado rey es protagonista. De igual manera, un cáliz perteneciente
a José desempeña un papel fundamental en el relato bíblico. Tras
convertirse en primer ministro de Egipto y viendo que sus hermanos
aparecen ante él para comprar trigo, José los pone a prueba
escondiendo su cáliz de plata en la bolsa de Benjamín. Mientras que el
cáliz simboliza el poder de José, el que portaba el cáliz, Benjamín,
se convirtió en el.antecesor del primer rey de Israel, finalizando así
el periodo de no-monar-quía en Israel.
El Samético (o Psamético) de Heródoto podría estar basado en una
figura histórica del mismo nombre que gobernó en Egipto en el siglo
vil a.C. El rey de Israel en esa época era Josías, el gran reformista
religioso bajo el cual pudo haberse escrito el Deuteronomio, y cuya
administración tuvo un interés activo en reescribir la historia
antigua de Israel. Al igual que José, Josías era un niño cuando fue
colocado en una posición de lide-razgo, ocupando el trono a la edad de
ocho años.
El sucesor de Samético, Necao II, mató a Josías en una batalla y
conquistó Jerusalén y gran parte de Canaán. Instaló a un vasallo
egipcio, Joaquim, como rey de Judá. Los escribas hebreos de esa época
habrían estado familiarizados con los relatos sobre Samético.
Aunque los paralelismos entre los relatos de la Biblia y Egipto tienen
una trama similar, sigue existiendo un interrogante acerca de si el
relato de Heródoto de los doce reyes era historia o ficción, y si
originariamente se refería a Samético o a algún rey anterior.
El relato de Heródoto comienza diciendo que, antes de Samético, Egipto
protagonizó una época sin reyes y que antes de esto reinaba un rey
llamado Setos. Esto no coincide con la historia de Egipto del siglo
vil a.C. Ni hubo un periodo sin reyes ni existió un rey Setos en ese
espacio de tiempo (en el siglo vil a.C., Setos, o sea Set, tenía
fuertes connotaciones negativas como símbolo malévolo).
El último rey Setos que se conoce es Setos II, y antes de él Setos I,
ambos de la XIX dinastía en el siglo XIII a.C. Tampoco hubo ningún
periodo sin reyes anterior a los dos reinos.
A lo largo de la historia de Egipto de Heródoto, éste a menudo
distorsiona y registra de manera errónea la cronología dinástica,
colocando dinastías anteriores detrás de las posteriores. De hecho,
Heródoto sitúa a los antecesores de Samético de la XII dinastía
inmediatamente después de los reyes de la IV dinastía, cometiendo así
un error de casi dos mil años.
Esto sugiere que el rey Setos de Heródoto y un periodo sin reyes
pertenecen más bien al periodo de los hicsos, cuando los extranjeros
adoradores de Set desplazaron a los dirigentes tebanos legítimos. Los
egipcios consideraban que el periodo hicso careció de rey egipcio
legítimo.
Tanto si el relato egipcio de los doce reyes tuvo su origen en el
siglo XVI a.C del periodo hicso como en el siglo VII del periodo
samético, hubo muchas oportunidades para que el relato influenciara a
los escritores de la Biblia, quienes acabaron de redactar el texto
bíblico.
(Gary Greenberg, "101 mitos de la biblia", mito 70
¿Pues sabes lo que yo aprendí del relato de José?

Que Dios utilizó a José, para salvar a su pueblo de la hambruna
que habían de pasar, dotándole con el poder de leer los sueños
de un gran faraón.

Si José no hubiese creído en Dios, no habría sabido el significado
de los sueños del faraón.

Y aprendí del relato de José, que el perdón, es una de las mayores
cosas que el ser humano hace sin esperar nada a cambio,
si no la paz del Espíritu.
Valzar
2008-03-28 23:23:11 UTC
Post by libera
¿Pues sabes lo que yo aprendí del relato de José?
Que Dios utilizó a José, para salvar a su pueblo de la hambruna
que habían de pasar, dotándole con el poder de leer los sueños
de un gran faraón.
Si José no hubiese creído en Dios, no habría sabido el significado
¿Pero existió José o es un epónimo de alguna tribu? :-)
libera
2008-03-28 23:41:24 UTC
Post by Valzar
Post by libera
¿Pues sabes lo que yo aprendí del relato de José?
Que Dios utilizó a José, para salvar a su pueblo de la hambruna
que habían de pasar, dotándole con el poder de leer los sueños
de un gran faraón.
Si José no hubiese creído en Dios, no habría sabido el significado
¿Pero existió José o es un epónimo de alguna tribu? :-)
"Silenciosamente y sin mucha ostentación, se conmemoró un doloroso e
importante aniversario prácticamente sin que la mayoría del mundo
judío lo notara.
Puede parecer increíble, pero fue sólo hace seis años, el 7 de octubre
del 2000 que una masa violeta de palestinos asaltaron la Tumba de
Yosef (JOSÉ) en Shjem (Nablus), demoliendo en horas el milenario lugar
sagrado.

En las escenas emitidas por todo el mundo se podía vislumbrar cómo los
palestinos armados con mazos ofrecieron una memorable muestra de su
noción de tolerancia religiosa mientras cortaban, aplastaban,
destrozaban y destruían uno de los sitios más santificados para el
pueblo judío.
Como resultado, las prístinas voces de las plegarias judías que alguna
vez llenaban los cielos sobre la tumba de Yosef,
(JOSÉ) fueron reemplazadas por pilares de humo mientras la multitud
árabe saqueaba la tienda, violando libros y otros objetos religiosos
sagrados.

El ataque a la Tumba de Yosef (JOSÉ) fue la culminación de un proceso
que comenzó varios días antes del suceso, cuando policías palestinos y
terroristas Al- Fataj lanzaron un ataque coordinado contra los
soldados israelíes que cuidaban el lugar. Uno de los valientes hombres
que defendía el sitio era un militar druso israelí de 19 años, Madhat
Yusuf. Después de haber recibido un disparo en la nuca por un
pistolero palestino, Yusuf cayó herido sin poder ser rescatado durante
cinco horas, desangrándose lentamente mientras que el entonces primer
ministro Ehud Barak negaba la autorización solicitada repetidamente
por el Ejército israelí de enviar un equipo de rescate de una base
cercana.
Asombrosamente, Barak prefirió confiar en las promesas de la Autoridad
Palestina según las cuales permitirían evacuar tranquilamente a Yusuf.
En efecto, Barak estaba confiando que quienes habían disparado a Yusuf
lo salvarían - una imprudente decisión en todo punto de vista y
ciertamente letal pues costó la vida del joven soldado.
><(((((@>
2008-03-29 23:08:03 UTC
Post by Valzar
El relato de José y sus hermanos plantea uno de los relatos más
conmovedores y dramáticos de todos los relatos de la Biblia. Al igual
que muchas sagas antiguas, reúne numerosas obras independientes sobre
distintos personajes y los teje en una única narración, mezclando una
variedad de identidades en personajes independientes. Aunque se
presenta principalmente como la obra de un único autor, el relato
contiene algunos indicios de las disputas políticas entre Rubén y Judá
que tuvieron lugar posteriormente, donde uno y otro compiten para ser
el menos culpable de la maldad hacia su hermano José.
Al igual que en los ciclos anteriores sobre los hijos de Abraham y
luego los hijos de Isaac, el relato continúa con el tema de las
contiendas tribales y la envidia entre los hermanos. En este relato,
José, el hijo preferido de Jacob, tiene numerosos sueños que predicen
que él se convertirá en el cabeza de familia y que incluso sus padres
se inclinarán ante él.
En las primeras etapas, José se presenta como un joven algo pomposo y
odioso, con una actitud del tipo «yo soy José y tú no». En un relato,
insiste en contarles a sus hermanos este sueño: «Estábamos nosotros en
el campo atando haces, y vi que se levantaba mi haz y se tenía en pie,
y los vuestros lo rodeaban y se inclinaban ante el mío,
adorándolo» (Gn 37, 7).
Pero un solo sueño no bastaba. Él tenía que machacarles con más
visiones del futuro: «Mirad, he tenido otro sueño, y he visto que el
Sol, la Luna y once estrellas me adoraban» (Gn 37,9).
No es de extrañar que sus hermanos «le odiaran todavía más» (Gn 37,8).
Poco después de que José les contase a sus hermanos sus sueños, los
otros once hijos de Jacob conspiran para deshacerse de su engreído
hermano. En principio planean matarle y tirar su cuerpo a un pozo.
Pero Rubén no quiere mancharse las manos de sangre y sugiere que sólo
lo arrojen al pozo, supuestamente hasta que se muera de hambre. Sin
duda, algún escriba bíblico consideró esta acción de Rubén como más
humana, o menos culpable.
Tras arrojarle al pozo, Judá, para no ser menos que Rubén en su
repentino arranque de compasión, dice: « Vamos a vendérselo a esos
ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y
carne nuestra». Asintieron sus hermanos (Gn 37, 27).
Así pues, José se convierte en esclavo y es llevado a Egipto, donde
gracias a sus dotes para la interpretación de los sueños consigue
llegar hasta la cima de la jerarquía social del faraón.
Esta parte del relato de José comparte unas similitudes sorprendentes
con un relato egipcio que se conserva en los escritos de Heródoto en
"Tras el reinado de Setos (es decir, Set), el sacerdote de Hefesto (es
decir, Ptah), los egipcios estuvieron libres durante un tiempo del
gobierno monárquico. Sin embargo, al ser incapaces de estar sin rey
durante mucho tiempo, dividieron Egipto en doce regiones y nombraron a
un rey para cada una de ellas. Unidos por matrimonios, los doce reyes
reinaron bajo amistad mutua con el entendimiento de que ninguno de
ellos debía intentar expulsar a ninguno de los otros, o querer
aumentar su poder a expensas de los demás. Llegaron a un acuerdo y
velaron para que los acuerdos se mantuvieran rigurosamente, porque en
la época en que se establecieron los doce reinos, un oráculo declaró
que el que ofreciera una libación del cáliz de bronce del templo de
Hefesto (Ptah) se convertiría en amo de todo Egipto.
Heródoto continua relatando otros acontecimientos de la historia de
Pasaba el tiempo y los doce reyes, que habían mantenido su pacto de no
molestarse los unos a los otros, se reunieron para ofrecer un
sacrificio en el templo de Hefesto. Era el último día del festival, y
cuando llegó el momento de verter la libación, el sumo sacerdote, al
ir a buscar los cálices de oro que siempre se usaban para ese
propósito, se equivocó y trajo uno de menos, de modo que Sometico, al
encontrase sin cáliz, muy inocentemente y sin segundas intenciones, se
quitó el casco, lo extendió para recibir el vino y así realizó su
libación. Los otros reyes enseguida asociaron este acto con el
oráculo, que había declarado que el que vertiera su libación de un
cáliz de bronce se convertiría en el único monarca de Egipto. Lo
interrogaron, y cuando se sintieron convencidos de que había actuado
sin malicia, decidieron no matarle, pero lo despojaron de gran parte
de su poder y lo desterraron a las marismas, prohibiéndole que las
abandonara ni que tuviera ninguna comunicación con el resto de
Egipto."
Tras ofrecer algunos detalles acerca del pasado de Samético y sobre un
segundo oráculo que predecía que unos hombres de bronce llegarían del
mar para ayudar al rey, Heródoto cuenta que el monarca exiliado se
encontró con un grupo de invasores marinos armados que se habían visto
obligados a amarrar en tierras egipcias. Viendo esto como el
cumplimiento de la profecía, dice Heródoto que Samético trabó amistad
con los invasores y los «persuadió para que estuvieran a su servicio,
y mediante su ayuda y la ayuda de sus fieles en Egipto, consiguió
derrotar y echar a sus once enemigos».
Deben observarse los numerosos paralelismos entre el relato bíblico y
el egipcio. En ambos, un grupo de doce hombres relacionados por
matrimonios entre familias, viven en un estado que no está presidido
por ningún rey; una profecía predice que uno de los doce reinará sobre
los demás; cuando los once descubren quien será el nuevo líder, al
principio planean asesinarle, pero luego cambian de idea y lo
destierran de su territorio; tras ser desterrado, el héroe entra en
Egipto acompañado de forasteros; el héroe consigue una posición de
poder en Egipto; y cumpliendo la profecía original, el héroe reina
sobre los once rivales.
Existe otro paralelismo. En el relato egipcio, un cáliz que pertenece
al odiado rey es protagonista. De igual manera, un cáliz perteneciente
a José desempeña un papel fundamental en el relato bíblico. Tras
convertirse en primer ministro de Egipto y viendo que sus hermanos
aparecen ante él para comprar trigo, José los pone a prueba
escondiendo su cáliz de plata en la bolsa de Benjamín. Mientras que el
cáliz simboliza el poder de José, el que portaba el cáliz, Benjamín,
se convirtió en el.antecesor del primer rey de Israel, finalizando así
el periodo de no-monar-quía en Israel.
El Samético (o Psamético) de Heródoto podría estar basado en una
figura histórica del mismo nombre que gobernó en Egipto en el siglo
vil a.C. El rey de Israel en esa época era Josías, el gran reformista
religioso bajo el cual pudo haberse escrito el Deuteronomio, y cuya
administración tuvo un interés activo en reescribir la historia
antigua de Israel. Al igual que José, Josías era un niño cuando fue
colocado en una posición de lide-razgo, ocupando el trono a la edad de
ocho años.
El sucesor de Samético, Necao II, mató a Josías en una batalla y
conquistó Jerusalén y gran parte de Canaán. Instaló a un vasallo
egipcio, Joaquim, como rey de Judá. Los escribas hebreos de esa época
habrían estado familiarizados con los relatos sobre Samético.
Aunque los paralelismos entre los relatos de la Biblia y Egipto tienen
una trama similar, sigue existiendo un interrogante acerca de si el
relato de Heródoto de los doce reyes era historia o ficción, y si
originariamente se refería a Samético o a algún rey anterior.
El relato de Heródoto comienza diciendo que, antes de Samético, Egipto
protagonizó una época sin reyes y que antes de esto reinaba un rey
llamado Setos. Esto no coincide con la historia de Egipto del siglo
vil a.C. Ni hubo un periodo sin reyes ni existió un rey Setos en ese
espacio de tiempo (en el siglo vil a.C., Setos, o sea Set, tenía
fuertes connotaciones negativas como símbolo malévolo).
El último rey Setos que se conoce es Setos II, y antes de él Setos I,
ambos de la XIX dinastía en el siglo XIII a.C. Tampoco hubo ningún
periodo sin reyes anterior a los dos reinos.
A lo largo de la historia de Egipto de Heródoto, éste a menudo
distorsiona y registra de manera errónea la cronología dinástica,
colocando dinastías anteriores detrás de las posteriores. De hecho,
Heródoto sitúa a los antecesores de Samético de la XII dinastía
inmediatamente después de los reyes de la IV dinastía, cometiendo así
un error de casi dos mil años.
Esto sugiere que el rey Setos de Heródoto y un periodo sin reyes
pertenecen más bien al periodo de los hicsos, cuando los extranjeros
adoradores de Set desplazaron a los dirigentes tebanos legítimos. Los
egipcios consideraban que el periodo hicso careció de rey egipcio
legítimo.
Tanto si el relato egipcio de los doce reyes tuvo su origen en el
siglo XVI a.C del periodo hicso como en el siglo VII del periodo
samético, hubo muchas oportunidades para que el relato influenciara a
los escritores de la Biblia, quienes acabaron de redactar el texto
bíblico.
(Gary Greenberg, "101 mitos de la biblia", mito 70
¿Pues sabes lo que yo aprendí del relato de José?

Que Dios utilizó a José, para salvar a su pueblo de la hambruna
que habían de pasar, dotándole con el poder de leer los sueños
de un gran faraón.

Si José no hubiese creído en Dios, no habría sabido el significado
de los sueños del faraón.

Y aprendí del relato de José, que el perdón, es una de las mayores
cosas que el ser humano hace sin esperar nada a cambio,
si no la paz del Espíritu.
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Son dos formas de ver las cosas
tu has escojido la mejor
la que Dios puso para sus hijos

Otros se quedan tristemente con el decorado
tex.
><(((((@>
2008-03-29 23:11:06 UTC
Post by Valzar
Post by libera
¿Pues sabes lo que yo aprendí del relato de José?
Que Dios utilizó a José, para salvar a su pueblo de la hambruna
que habían de pasar, dotándole con el poder de leer los sueños
de un gran faraón.
Si José no hubiese creído en Dios, no habría sabido el significado
¿Pero existió José o es un epónimo de alguna tribu? :-)
"Silenciosamente y sin mucha ostentación, se conmemoró un doloroso e
importante aniversario prácticamente sin que la mayoría del mundo
judío lo notara.
Puede parecer increíble, pero fue sólo hace seis años, el 7 de octubre
del 2000 que una masa violeta de palestinos asaltaron la Tumba de
Yosef (JOSÉ) en Shjem (Nablus), demoliendo en horas el milenario lugar
sagrado.

En las escenas emitidas por todo el mundo se podía vislumbrar cómo los
palestinos armados con mazos ofrecieron una memorable muestra de su
noción de tolerancia religiosa mientras cortaban, aplastaban,
destrozaban y destruían uno de los sitios más santificados para el
pueblo judío.
Como resultado, las prístinas voces de las plegarias judías que alguna
vez llenaban los cielos sobre la tumba de Yosef,
(JOSÉ) fueron reemplazadas por pilares de humo mientras la multitud
árabe saqueaba la tienda, violando libros y otros objetos religiosos
sagrados.

El ataque a la Tumba de Yosef (JOSÉ) fue la culminación de un proceso
que comenzó varios días antes del suceso, cuando policías palestinos y
terroristas Al- Fataj lanzaron un ataque coordinado contra los
soldados israelíes que cuidaban el lugar. Uno de los valientes hombres
que defendía el sitio era un militar druso israelí de 19 años, Madhat
Yusuf. Después de haber recibido un disparo en la nuca por un
pistolero palestino, Yusuf cayó herido sin poder ser rescatado durante
cinco horas, desangrándose lentamente mientras que el entonces primer
ministro Ehud Barak negaba la autorización solicitada repetidamente
por el Ejército israelí de enviar un equipo de rescate de una base
cercana.
Asombrosamente, Barak prefirió confiar en las promesas de la Autoridad
Palestina según las cuales permitirían evacuar tranquilamente a Yusuf.
En efecto, Barak estaba confiando que quienes habían disparado a Yusuf
lo salvarían - una imprudente decisión en todo punto de vista y
ciertamente letal pues costó la vida del joven soldado.
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Asi son las cosas
tex.